Reflexiones |
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Queridos amigosLA CONTRIBUCIÓN DE LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD EN LA RENOVACIÓN DE LA PARROQUIA No tengo más mérito que haber sido testigo de lo vivido por mi mismo desde la primera hora hasta la presente, es decir en toda una andadura de más de sesenta años del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. El cursillo de cristiandad, por la gracia de Dios, las oraciones de muchos y la firme voluntad de unos pocos, va consiguiendo que el hombre y la mujer tomen consciencia de ser personas y por tanto de tener la facultad receptiva para poder captar la buena noticia de que Dios en Cristo nos ama. Es que cuando la persona humana se encuentra con el espíritu
de Dios, cree en Él y trata de corresponder a su invitación,
cambia de óptica, de enfoque, de horizonte y de perspectiva, y
encuentra sentido al vivir. No es extraño que los cursillistas, nos sintiéramos especialmente
interpelados por el Decreto Conciliar sobre el apostolado de los seglares,
cuando leíamos: “Los seglares ejercen su múltiple apostolado
tanto en la Iglesia como en el mundo...Los seglares de verdadero espíritu
apostólico suplen lo que falta a sus hermanos y devuelven a la
Iglesia a los que quizá estaban alejados”. Nos fortalecen y animan las palabras del Sumo Pontífice Juan
Pablo II pronunciadas en la 4ª Ultreya Nacional de Cursillos de Italia.
“Vuestro Movimiento os pide ser fermento en la “masa” del mundo”. Tras lo expuesto, la contribución de cursillos a la renovación de la Parroquia la concibo empezando por subrayar que nuestro Movimiento desde sus inicios tiene una clara visión del papel del laicado en la acción misionera de la Iglesia, objetivo apostólico de todo bautizado, y en el que han de converger la persona, el Evangelio y el mundo en que nos ha tocado vivir. Una concepción orientada sobre todo en la perspectiva del acercamiento
de los alejados, los cuales generalmente son los que mejor captan la identidad
entre su ansia de felicidad y la vida de Cristo, en cuanto que la ven
realizándose en otros cursillistas en los que encuentran enseguida
unos verdaderos amigos. En cursillos lo que hemos querido siempre y en lo que estamos gozosamente
empeñados por fidelidad a nuestras ideas y carisma fundacionales,
es en el entronque y en la alineación con la más genuina
pastoralidad eclesial, proclamando ser el Movimiento que no tiene otra
espiritualidad que la de la Iglesia misma. Pienso que los Cursillos se sitúan más allá del apostolado individual que el Vaticano II ratificara como esencial en la vida del laico que tiene fe, pero más acá del apostolado coasociado que parece a muchos la alternativa vocacional más recomendable. Creo que los cursillos no son ni deben ser una organización ni una comunidad con fines específicos, aunque algo tengan de una y de otra. Estimo que los cursillos son masiva y naturalmente un movimiento seglar, pero sin ser exclusivamente de seglares, como resulta evidente para quien los haya vivido en una perspectiva de creativa complementariedad dialéctica entre seglares y sacerdotes. En cuanto al reclutamiento de cursillistas, en especial de los que recientemente
hicieron el cursillo, de parte de ciertos párrocos, en orden a
incorporarlos a diversas tareas o campos de apostolado parroquial específicos,
como de catequesis, acción social, atención a enfermos u
otros ministerios, considero que tales requerimientos de sí, no
van a constituir un avance en el ser cristiano del cursillista en cuestión,
máxime cuando la incardinación de nuevos cauces eclesiales
le restarán tiempo para su acción cristiana básica
dentro de su cotidiano vivir, que es dar testimonio de Cristo en el lugar
en que el Señor lo ha plantado. Es una pena que no se caiga en la cuenta de que el empleo automático
de los convertidos en esa pastoralidad así entendida, haya venido
privando a la genuina pastoral de la parte más humana, más
espontánea y más en punta de la sociedad y por tanto de
la que tiene más base para ir logrando ser íntegramente
cristiana. Por más que es justo reconocer que a la sombra de la parroquia
y de muchas asociaciones han podido crecer, desarrollarse y madurar muchos
hombres, mujeres, jóvenes y niños, para la gloria de la
Santa Iglesia. Y de ello existen personas que son argumentos vivos a favor
de la fecundidad eficiente de la parroquia.
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